Clausura y dulces tradicionales
El camino hacia la catedral o el descenso de vuelta conserva una sorpresa para los visitantes más golosos: el convento de clausura conocido por los ibicencos como Ses Monges Tancades, “las monjas encerradas”. Fundado en el año 1599 para albergar a la orden de las Canonesas Regulares Lateranenses de San Agustín, sólo es posible observar su capilla, consagrada a San Cristóbal (Sant Cristòfol, en catalán) y reconstruida en los años 60 tras haber sido destruida durante la Guerra Civil.
En su interior, cabe destacar el retablo mayor, en madera tallada, dorada y policromada del afamado artista barcelonés Pere Serra (S. XVII); y la pila de agua bendita, fina pieza barroca genovesa. Junto a la capilla encontrarás el zaguán del convento, donde podrás comprar especialidades ibicencas elaboradas por las monjas, como orelletes, cocas y rubiols.
¿Una sugerencia?: unos metros más arriba, en la calle Sant Ciriac, fíjate en una pequeña capilla construida en el lugar por donde, según la leyenda, los catalanes lograron entrar y conquistar la ciudad en 1235.













